La historia, en bandas sonoras

Sumergirse en la oscuridad de la Historia en busca del conocimiento; vivir las vidas de los ancestros y buscar pistas a las respuestas del presente. Caminar los caminos del pasado y disfrutar del trabajo de quienes las han desenterrado y embellecido para nosotros desde la literatura, el cine, la música. Vamos a tomar la autopista del tiempo y la recorreremos desde el principio, siendo testigos de la Historia desde la pantalla del cine. ¿Verdad, invención, manipulación, malintepretación? A menos que alguien invente una TARDIS (Time And Relative Dimension In Space, el vehículo del Doctor en la serie británica “Doctor Who”) y lo compruebe, nunca tendremos una respuesta definitiva, pero lo que sabemos o creemos saber hoy es fantástico: disfrutémoslo.

La siguiente selección ha sido realizada, no por la calidad o verosimilitud de las fuentes históricas, ni siquiera por la calidad de las películas (si bien todas figuran dentro de las favoritas del autor), sino, en primer lugar, por la música, y después, por la época que la película quiere representar.

No pretende ser una compilación exhaustiva, ni académica. Pero sí divertida.


En el principio era la Oscuridad, la Nada. Y entonces, en un lapso infinitesimal, toda la energía del Universo fue liberada, y fue el Fuego Primordial que poco a poco se convirtió en Aire, Agua y Tierra, y Vida. Y con la vida, la muerte, la extinción, y el ciclo infinito empieza otra vez.

Fantasía, esa maravillosa producción musical y animada de Disney en 1940, interpreta las teorías sobre el origen del Universo y la Evolución a los compases de la épica “Consagración de la Primavera” de Igor Stravinsky.

Son sólo unos pocos minutos para representar el largo camino entre el Big Bang, la primera célula y esas inmensas y queridas bestias con las que no alcanzamos a compartir el mundo pero cuyos restos excitan nuestra imaginación desde siempre.

La interpretación es de la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Leopold Stokowski.

Y entonces, llegó el Hombre. Pero antes de que la Madre Naturaleza le permitiera creerse Amo, tuvo que luchar para hacerse a un lugar en la Creación, compartiendo con los demás seres en condiciones de igualdad. Sobre esos tiempos remotos, de los que la única evidencia son pinturas en cavernas y alguna que otra punta de flecha, podemos, sin embargo, dejar hablar a la imaginación.

Y a través de la imaginación nos habla el director Roland Emmerich con “10.000 B.C.” (2008), una historia épica que pretende acercarnos a la vida cotidiana y a los retos de los ancestros lejanos, esos que realmente conquistaron el mundo oponiendo las manos y la inteligencia al entorno hostil.

La banda sonora es de Harald Kloser y Thomas Wander.

El hombre finalmente empieza a surgir como potencia de la naturaleza. Surgen las naciones. Y con ellas la guerra.

“Troya” (2004), dirigida por Wolfgang Petersen, nos cuenta, soportándose (al menos eso dice el director) en la “Ilíada”, sobre la guerra entre las Polis de la Grecia floreciente y la magnífica ciudad de Troya. Pero los griegos no presentan un único frente: la arrogancia del Rey Agamemnon aleja a su principal guerrero, el legendario Aquiles, al que sólo la tragedia volverá a llevar al campo de batalla.

La banda sonora es de James Horner, y si piensa que ya la ha escuchado, es cierto: algunos fragmentos fueron reutilizados en la de “Avatar”, de James Cameron (2009).

Y mientras griegos y troyanos se despanzurraban, la civilización de los Faraones enfrentaba sus propios problemas de migración ilegal… como Cecil B. DeMille nos muestra en su épica cristiana “Los Diez Mandamientos” (1956); el Faraón no sabe qué hacer con el pueblo judío, y encarga, digamos informalmente, a su hermano adoptivo para que resuelva el problema.

La música fue compuesta por Elmer Bernstein.

Pasa el tiempo. Troya es olvidada y Grecia alcanza su esplendor, que el Imperio Persa nota con codicia. Queda en manos de un Rey valeroso y sus tropas de élite proteger la cuna de la civilización occidental de las hordas orientales. “300” (2007), de Zack Snyder, una película con una realización técnicamente inusual, una narrativa que sólo podía lograrse siguiendo al estética del trabajo original del genio Frank Miller, y la música de Tyler Bates.

Los imperios nacen, florecen y caen. Grecia envejece, Egipto duerme entre las arenas, y el Imperio Romano crece, llevando la Pax Romana a toda Europa. Con la espada, por supuesto. La expansión romana la pone en conflicto permanente en las fronteras, cada vez más lejanas y salvajes, en tanto en la Metrópolis legendaria los ciudadanos y los esclavos viven y mueren bajo capricho imperial o senatorial.

En los bosques germánicos, un general enfrenta la que supone su última batalla en “Gladiador” (2000), de Ridley Scott. La banda sonora de Hans Zimmer recoge bastantes elementos de “Marte” de Holst pero tiene la firma particular de Zimmer, al que volveremos a encontrar más adelante.

Pero ni Roma alcanzó la dominación completa de Europa, ni el Imperio fue inmortal. Al norte, donde el gélido invierno alberga gente indoblegable y los viejos mitos viven aún, Siegfried vence un dragón y es vencido por una mujer.

“Dark Kingdom: The Dragon King” (2004) está basada en la épica germánica “El Anillo de los Nibelungos”, que concentra el núcleo fundamental del folklore del Norte y constituye la base del ciclo operático más representativo de Richard Wagner.

La banda sonora de la película está compuesta por trabajos diversos; se destaca el de la banda de folk europeo Omnia.

En la fría Albión, la retirada de las últimas guarniciones romanas deja los britones, dependientes de la protección romana, a merced de los invasores sajones, que no toman prisioneros. Arturo, lejos de ser el soberano legendario, es un oficial romano hastiado de batallar y con la esperanza de llevar a sus hombres – caballeros sármatas – a casa, a la libertad. Pero el Imperio sigue siendo poderoso y tiene otras ideas.

“King Arthur” (2004) es una visión racional, basada en hipótesis históricas, acerca de la leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, y sitúa la acción en un crítico período de invasiones y migraciones que terminarían, pocos siglos después, con la caída del Imperio Romano de Occidente.

De nuevo nos encontramos con Hans Zimmer en la batuta de esta banda sonora.

Pero la Leyenda perdura, y el Rey Arturo y sus Caballeros se convierten en epítomes de la justicia y de la búsqueda de la perfección en forma del Grial. Una Europa sumida en la oscuridad busca la luz en los mitos, y la Inglaterra oscura y dividida vuelve sus ojos al pasado, en busca del rey que duerme en Avalon.

“Excalibur” (1981) de John Boorman nos muestra la Leyenda, tal y como la recopiló Sir Thomas Malory en “La Morte D’Arthur”, a su vez convertida en novela nada menos que por John Steinbeck.

La selección de “O Fortuna”, primer movimiento de “Carmina Burana” de Carl Orff como banda sonora es magistral por cuanto la majestad de los masivos coros refleja muy bien el sentido épico de la historia.

Otra pieza sinfónica notable en la banda sonora es “El Ocaso de los dioses”, de Wagner, que abre y cierra la película – y que constituye el último movimiento de “El Anillo de los Nibelungos”, del que hablamos antes. Los tonos oscuros y melancólicos de la pieza son perfectos para el final a un tiempo triste y lleno de esperanza en una lejana profecía.

De regreso a las tierras germánicas, un romance y una tragedia que también son parte de la leyenda manchan de sangre e iluminan con versos esa tierra llena de majestad. La historia de Tristan e Isolde es el prototipo de la historia romántica de amor imposible y heroísmo trágico, y sirvió también a Wagner para una ópera memorable.

“Tristan + Isolde” (2006), de Kevin Reynolds, con la actuación de James Franco y la hermosa Sophia Myles, es una película sin pretensiones, realizada con sencillez pero con una fotografía espectacular y realizada casi toda en exteriores en las magníficas locaciones de Irlanda.

La música es de Anne Dudley, y la pieza a escuchar toma su título de un poema que los dos jóvenes amantes se leen en la historia:

“¿Qué hicimos, a fe mía, hasta el instante de amarnos?
¿Apenas habíamos empezado a vivir hasta entonces?
¿Absorbíamos puerilmente los placeres encendidos del campo?
¿O roncábamos en la cueva de los siete durmientes?
Así fue; pero eran fantasías todos esos placeres.
Siempre que descubría alguna belleza
Y la deseaba, eras tú a la que anhelaba en mis sueños.
Y ahora buenos días a nuestras almas que despiertan,
Que se observan una a otra no sin miedo;
Por amor todo amor sobre otras miradas prevalece,
Y construye un pequeño refugio en cualquier parte.
Que los descubridores de mares visiten nuevos mundos,
Que mundos sobre mundos a otros los mapas les enseñen,
Déjennos conquistar un mundo;
Cada uno posee el suyo, y es sólo uno.
Mi rostro en tus ojos, en los míos el tuyo,
En los rostros descansan los fieles corazones;
¿Dónde podríamos encontrar dos hemisferios tan perfectos
Sin el Norte glacial, sin el agonizante ocaso?
Aquello que muere no está debidamente amalgamado;
Si son nuestros amores uno, o si nos amamos
Sin desmayo, de ningún modo moriremos.”

Y más al norte, un héroe enfrenta a los monstruos que los viejos dioses respetaban como iguales pero que la nueva religión desprecia como reliquias de una tradición moribunda.

“Beowulf” (2007), de Robert Zemeckis, busca en su protagonista aquello que diferencia a un héroe de un cobarde. A nivel literario es notable por tratarse de la primera manifestación escrita conocida de lengua anglosajona. Como dato curioso, entre sus más conocidos traductores figura nada menos que J. R. R. Tolkien, quien haría uso del tema central del poema, el Destino (el Wyrd de los nórdicos), como parte de la saga de Turin Turambar, su personaje más trágico.

La banda sonora es de Alan Silvestri.

En esas costas ásperas y heladas se forja una raza guerrera cuyas hazañas quedarán escritas para la posteridad. El hombre del norte vive por la espada y espera morir por ella, cubierto de gloria y de la sangre de sus enemigos, pero incluso él puede sentir miedo de lo desconocido, de los sobrenatural.

Un emisario de otra raza, también guerrera pero al tiempo curiosa e inteligente, se ve envuelto, por accidente, en una historia en la que el autor Michael Crichton, basándose en las crónicas de viajes de Ibn Fadlan, un viajero árabe del siglo X, pretende buscar una racionalización a la leyenda del héroe Beowulf al tiempo que reinterpreta “Los siete samurais” de Kurosawa.

“The 13th Warrior”, (1999), de John McTiernan. La música es de Jerry Goldsmith y fue reutilizada en varias otras producciones, la más destacada de las cuales es “Kingdom of Heaven” (2005), de Ridley Scott.

En Gran Bretaña, con el tiempo, los Sajones que Arturo tanto combatió llegaron a reinar, pero no por siempre. Guillermo el Bastardo, aspirando al codiciado trono de Inglaterra, invade la isla con sus caballeros normandos, sometiendo a los Sajones y Britones sobrevivientes a la servidumbre.

Pero en los bosques los sajones resisten bajo el liderazgo del elusivo Robin Hood.

“Robin Hood” (1991), de Kevin Reynolds, presenta una visión ligera y divertida de la leyenda de los alegres ladrones, en un intento por recuperar el ritmo rápido de los swashbucklers de la primera mitad del siglo XX y que remontaron los vítores de las audiencias en las espadas de Errol Flynn y Basil Rathbone. La banda sonora es de Michael Kamen, y durante un par de décadas se convirtió en la fanfarria oficial de la productora Morgan Creek.

No todas las historias épicas tienen que ver con el destino de los pueblos. Algunas afectan tan sólo a sus protagonistas, como la bella leyenda de amor contenida en “Ladyhawke” (1985) de Richard Donner.

Italia, siglo XII; el poder de la Iglesia es creciente y (oh, novedad) tiránico. Una hermosa dama de la nobleza se niega a ceder a las pretensiones amorosas de un jerarca eclesiástico y en cambio entrega su corazón a un valiente soldado. Rechazado, el obispo maldice a la pareja, y es el único que, en un día especial, puede anular la maldición.

La música es de Andrew Powell.

“Arn, The Knight Templar” (2007), de Peter Flinth, nos cuenta la historia de un Caballero Templario que llega a Oriente Medio buscando defender su Fe en tanto huye de las intrigas políticas de su Suecia natal, a la que regresa posteriormente para liderar a sus coterráneos en una guerra que definiría el futuro de las naciones escandinavas.

La banda sonora es del finlandés Tuomas Kantelinen.

Ni las cruzadas, ni la historia, ni la tradición milenaria, pueden impedir que el último y glorioso vestigio del Imperio Romano, la magnífica Constantinopla, caiga finalmente ante el Islam. Sólo la Orden del Dragón, establecida por el Emperador Segismundo para combatir la amenaza turca, se yergue entre Europa y los sables que vienen de Oriente. Vlad, llamado “El Empalador”, no sólo debe combatir las tropas de Mehmed II, sino que debe enfrentar la traición en su propio reino.

“Bram Stoker’s Dracula” (1994), con la estremecedora banda sonora del Maestro Wojciech Kilar.

Con el Imperio Romano de Oriente, el viejo mundo ha muerto, con todas sus tradiciones, mitos y leyendas. Comienza un nuevo mundo, una nueva historia.


Para disfrutar de toda la lista de reproducción sin necesidad de aguantarse la cháchara, aquí está:

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